El 17 de septiembre de 1925, un autobús chocó con un tranvía en Ciudad de México. Entre los pasajeros heridos se encontraba Frida Kahlo, de 18 años.
El accidente la dejó postrada en cama durante meses. Con un espejo colgado sobre su cama, Frida comenzó a pintar lo que veía: a sí misma.
La introspección se convirtió en un tema definitorio de la obra de Frida. A través de sus célebres autorretratos, exploró la identidad, el dolor y la pasión utilizando colores vivos y atrevidos para expresar su mundo interior. Su obra rendía homenaje a las culturas mexicanas e indígenas, al tiempo que ofrecía un análisis sin tapujos del dolor físico, la lucha emocional y la experiencia de las mujeres.












